Arquímedes, el viejo sabio griego, decía: “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Él se refería a la palanca y a la posibilidad, gracias a ella, de mover grandes masas sin mucho esfuerzo. Pero si lo pensamos bien, el gran punto de apoyo para mover el mundo –hacia el bien o hacia el mal, eso ya es otra cuestión– han sido las ideas.
El mismo planteamiento de Arquímedes se sustentaba en una de estas ideas; quizá la que ha tenido un impacto más revolucionario en la historia de la humanidad: el reto de la racionalidad. Es decir, la pretensión de explicar los acontecimientos no a partir de fabulaciones míticas, sino de leyes racionales, mediante las cuales podemos saber que, siempre que se den las mismas circunstancias, se producirán los mismos efectos. No es poca cosa.